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José Luis Fariñas
Cuba
Mieses
Estas son las santas horas.
En el fuego de las pequeñas cosas
la bendición descifra los infiernos,
tiempo abierto de muertos migratorios.
Venimos de olvidar a solas
en la profunda ofrenda,
con nuestra voz de ceiba cubriendo el vacío.
Estaba helado el sol cuando llegamos;
dormía la paz en su horror cuando partimos,
la cabeza en la cesta de hojas de palma,
rumiando pastos augurales;
aceites cubrían la orilla que no perdona.
Conservados así como higos de sacrificio,
los huesos del buen pastor cubren el templo
pero no llegan los pájaros de Osiris,
y estas son las santas horas.
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